Tuesday, July 20, 2010

AC/DC - Una experiencia (I)

Ha pasado casi un mes, pero aún se me pone la piel de gallina cuando pienso en la experiencia de escuchar AC/DC en directo en, lo que parece ser, fue el penúltimo concierto de su historia, larga historia.

No puedo narrar el concierto sin antes introducir al lector en la experiencia que supone llegar. Al mismo ritmo que su himno Its A Long Way To The Top If Ya Wanna Rock And Roll sonaba en mi cabeza, me dirigía con Hellven al estadio de la Cartuja, terrible estadio en Sevilla. Llegar a la semiexplanada donde tiempo ha estuvo situada la EXPO'92 y que hoy conforma una zona entre ruinosa y reciclada de la urbe del Guadalquivir. Aún bajo al calor de finales de Junio, miles y miles de fans se amontonaban en una inmensa cola ante el túnel que daba acceso a la zona de pista donde se situaba el escenario.

En mi caso, lo observé todo desde más arriba, desde la grada más alta, donde si bien no podía recibir el sudor de estos Embajadores del Hard Rock, sí que podía ver el espectáculo en su plenitud.

Toda la zona de lo que sería el césped estaba cubierta de plásticos acolchados azules, mientras la gente, loca de alegría, besaba el suelo que otros habían pisado antes y trataba de arremolinarse alrededor del escenario que consistía en una tarima de dos metros de alto con una pasarela que salía recta hasta el mismo centro del campo, como si de un pasillo real se tratase hasta una plataforma circular cuya su función se nos antojaba misteriosa.

Sudorosos, jadeantes tras las carreras que supusieron llegar a nuestro lugar en primera fila, sobre el balcón de la grada, el Sol fue bajando del cielo. Tocaron los teloneros. El Sol desapareció. La pista se llenó de cuernos rojos sobre negras cabezas invisibles y gritos emocionados. El escenario permanecía espartano, sólo con los instrumentos a nuestra vista, secundado por dos pilares ciclópeos cuya función era servir de pantallas para el evento. Las dos gorras gigantes con la A de Angus en el centro y los cuernos gigantescos que la coronaban se iluminaron de rojo sangre...

Silencio. Llega una furgoneta negra. Las luces se apagan. El estadio ha muerto. Y las pantallas se iluminan.

Comienza la noche más épica de mi vida.

1 comment:

Alberto Martín said...

Solo aclararte que lo que llamas "semiexplanada donde estuvo la Expo´92" fue en realidad el aparcamiento de autobuses. Toda esa zona del estadio y aledaños quedaba fuera del recinto Expo.